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¿Es la ciencia el mejor camino para la comprensión de nuestros orígenes?

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Partiendo del hecho de que nuestro universo observable alcanza una distancia de aproximadamente 42 mil millones de años luz, se plantea que más allá de ese horizonte visual cósmico existen otros universos. Para denominar esta noción se ha utilizado, entre otros, el término “Multiverso”.

 

Con base en la clasificación del cosmólogo sueco-estadounidense Max Tegmark, académico del Instituto Tecnológico de Massachusetts; su colega el sudafricano George F.R. Ellis, profesor de la Universidad de Ciudad del Cabo, destaca dos concepciones del “Multiverso”.                                                                                                                                                                                                                                                          

Nivel 1. Según la cual podría haber muchos, quizá un número infinito de universos similares al nuestro; tal vez con una distribución inicial distinta de la materia pero regidos por las mismas leyes de la física –en ese sentido nuestro universo sería una muestra representativa del “multiverso”-.

Nivel 2. Esta concepción sugiere la existencia de universos completamente diferentes al nuestro, regidos por otras leyes de la física y tal vez con otras dimensiones espaciales. La mayoría estarían desiertos, pero algunos “bullirían con vida”.                                                                                                                                                                        

Sin embargo, el propio Ellis advierte que el problema de esta idea reside en que, por su propia naturaleza, se encuentra más allá de toda verificación empírica. En el mejor de los casos, los indicios de la existencia de un “Multiverso” serían indirectos. La propuesta nos obliga a replantearnos lo que entendemos por ciencia.                                                                                                                                                            

Reflexiones: En la medida que avanzan las investigaciones científicas en diferentes disciplinas como la Astronomía, la Antropología, la Paleontología, la Biología, la Física, la Química, la Nanotecnología, la Cibernética, etc.; nos vemos forzados a actualizarnos constantemente y modificar o cambiar nuestros propios preceptos y concepciones acerca de nuestro cosmos, de nuestra galaxia, de nuestro sistema solar, de nuestro mundo, de nuestros orígenes, de nuestra vida, de nuestra composición molecular y atómica, inclusive de nuestros credos.

¿Por qué? Bueno, desde sus inicios los seres humanos hemos sido observantes y curiosos; pero en la antigüedad, la ciencia y la información eran muy precarias. Además claro, la humanidad estaba mucho más sumergida que ahora en un sinnúmero de cultos, adoraciones, preceptos y creencias que no le permitían, o bien le inhibían el estudio, la investigación y la exploración de los terrenos de la ciencia. ¿Lo dudas? Léase: La Teoría Heliocéntrica de Nicola Copérnico / Tycho Brahe.

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