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¿Educación sexual en todas las escuelas?

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Es una conducta sexual en la que el individuo se estimula y excita con la contemplación furtiva de otras personas. Para que se produzca la  excitación sexual del voyeur (mirón), se deben dar dos condiciones: Que las personas observadas estén en situaciones que él considere eróticas. Y que desconozcan que están siendo espiadas.

 

Estas situaciones pueden ser variadas, como estar en ropa interior, desvistiéndose, sin ropa o a una pareja en la intimidad. La característica principal del voyerismo es el espiar sin ser visto, el voyeur no es un violador ni un abusador, no agrede, no amenaza ni pone en alerta a sus víctimas.

El voyeur consigue la excitación en base a que las otras personas ignoran que están siendo vistas por lo tanto no tiene interés en alertarlas de su presencia. El voyerismo es practicado en un altísimo porcentaje por hombres y en su gran mayoría son heterosexuales. En general los hombres se excitan contemplando una mujer desnuda o una escena de sexo, la diferencia está en que para el “voyeur” es una conducta compulsiva y repetitiva.

En el voyerismo se corren riesgos para poder espiar a las víctimas y en la mayoría de los casos por  la excitación que le produce la situación. Este tipo de conducta sexual, incluida dentro del grupo de las parafilias, se considera un trastorno psicológico cuando se lleva como mínimo 6 meses con estas prácticas o cuando interfieren en el normal desempeño de la persona en el ámbito laboral, social o familiar.

El voyerismo es considerado un delito por lo que en muchos casos al ser descubiertos son denunciados y de ese modo el paciente llega a la consulta psicológica. 

Cabe destacar que los seres humanos somos los únicos animales que vestimos, nos cubrimos, nos envolvemos o nos tapamos; bajo la premisa de un patrón cultural denominada el Pudor.                                                   Pero quizá no existiría el voyerismo en la medida que una nueva cultura optara por abandonar los usos de ropajes, indumentarias o vestimentas de no ser por exclusiva protección de ambientes climáticos de condiciones frías.

¡No hay duda! Nacimos desnudos y nuestra vestimenta no es más que sólo una conducta meramente cultural. Cuestionémonos entonces, ¿Quién habrá instituido que la desnudez del cuerpo humano exhibido u observado, es símbolo de inmoralidad, indecencia, obscenidad, desvergüenza, escándalo e indignidad…?  

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