El día 01 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Ecología, y por esta vez quiero hacer especial énfasis al tema atmosférico, al tema del aire, del que todos los seres vivos dependemos.

De todos los elementos, el aire es el más inaprensible y el más espiritual. Entre los pensadores griegos del siglo VI a. de C. Anaxímenes de Mileto fue quién más estudió el tema del aire. Desarrolló el antiguo concepto de que la respiración es el espíritu de la vida, pensando que el aire es el elemento fundamental de la tierra: lo mismo que el alma, que es aire, mantiene unido al cuerpo. El viento y el aire envuelven el mundo entero. El resto de los elementos, afirmaba Anaxímenes, proviene del aire densificado o enrarecido.

Sin embargo, en el siglo XVII, científicos como el francés Pascal y el italiano Torricelli descubrieron cómo medir la presión del aire, convirtiendo el elemento espiritual y fundamental del filósofo griego en una sustancia física tangible. Un siglo después, los químicos descubrieron que el aire es una mezcla de gases, e identificaron el nitrógeno y el oxígeno como sus elementos principales.

La atmósfera de la Tierra, en cuyas profundidades vivimos, nos protege de las mortíferas radiaciones del espacio exterior y nos proporciona el oxígeno del que dependen nuestros procesos vitales. Equilibra los extremos, de otro modo insoportables, de calor y frío y transporta la humedad de los océanos a los continentes, mediante un sistema continuo y general de circulación.

El oxígeno es un producto de las plantas verdes, por lo que no existía en la atmósfera primigenia. Una condición necesaria para el desarrollo de la vida en la Tierra fue que no existiera oxígeno libre que oxidara y desintegrara las primeras moléculas vivas desprotegidas. Hicieron falta miles de millones de años para acumular el volumen de oxígeno actual de nuestra atmósfera.

Un aspecto de vital consideración, que depende en gran medida el hombre, es cómo será la atmósfera que rodee a nuestro mundo en el futuro. Solo si se pone fin a la destrucción de los bosques y selvas continentales y el envenenamiento por acidificación del plancton oceánico y si se deja de utilizar el aire como cloaca universal, existe alguna esperanza de que los organismos superiores sobrevivan en nuestro planeta.

 

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