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¿Son los fertilizantes un veneno que debemos dejar de producir?

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La contaminación lumínica producida por las ciudades no sólo es un problema para los astrónomos; también podría afectar la regeneración y crecimiento de los bosques en zonas tropicales porque, según científicos de la Universidad Libre de Berlín, en Alemania, han detectado que la luz artificial altera el comportamiento de algunas especies dispersoras de semillas, por ejemplo los murciélagos frugívoros. Esto hace que la tasa de recuperación natural de las selvas sea sumamente lenta, en comparación con la deforestación causada por las actividades humanas.

 

Bajo condiciones naturales oscuras es común que los murciélagos dejen caer gran cantidad de semillas en diversas áreas, lo que ayuda a reconectar fragmentos de selva; sin embargo, son sensibles a la luz y por ello evitan las áreas donde hay iluminación artificial nocturna, impidiendo la recuperación de esos hábitats. “Hemos encontrado que los frutos de las plantas eran menos propensos a ser consumidos por los murciélagos cuando estaban iluminadas por una lámpara que bajo la oscuridad natural”, comentaron. Para disminuir el impacto de esta contaminación se recomienda promover que las áreas naturales sean zonas libres de luz artificial.

Reflexiones: Resultan por demás alarmantes las fotografías espaciales que se publican generalmente en revistas especializadas de geología, meteorología y astronomía, en donde se aprecia nuestro planeta en particular en la zona oscura (nocturna), la impresionante luminiscencia emitida de nuestras concentraciones especialmente urbanas de La India, China, Corea del Norte, Corea del Sur, Japón, el Sur de Asia, Europa y Estados Unidos. 

Estas gráficas nos demuestran que prácticamente no existe una región en tierra emergida donde por mínimo no esté la huella del ser humano. Cada día las zonas urbanas van arrebatando más y más espacios a las áreas rurales, boscosas y selváticas, y de esta manera se va aumentando considerablemente la irradiación lumínica en el planeta.

Las ciudades del mundo han crecido en exceso y las tendencias de estos grandes centros poblacionales es unirse en conurbaciones y asfixiantes megalópolis.

Para combatir y prevenir un eventual desastre ecológico planetario, por supuesto que sí serán de utilidad todas las acciones de inversión, educación, preservación y conservación ambiental.                              Pero radicalmente sigo insistiendo que el primer mandamiento para lograrlo de manera asertiva, será a través de una urgente disminución de las tasas de natalidad, inclusive en convertirlas en tasas paulatinamente decrecientes y por todos los rincones de la Tierra.

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