Aún no existen definiciones claras, precisas y concluyentes que todos los sociólogos, antropólogos y politólogos especializados se hayan puesto de acuerdo. No obstante en este artículo trataremos de describir mediante un compendio generalizado de interpretación:

POBREZA ALIMENTARIA: La incapacidad para obtener una canasta básica alimentaria, aún si se hiciera uso de todo el ingreso disponible en el hogar, en comprar sólo los bienes de dicha canasta.

POBREZA DE CAPACIDADES: La insuficiencia del ingreso disponible para adquirir el valor de la canasta alimentaria y efectuar los gastos necesarios en salud y educación, aun dedicando el ingreso total de los hogares nada más que para estos fines.

POBREZA DE PATRIMONIO: La insuficiencia del ingreso disponible para adquirir la canasta alimentaria, así como realizar los gastos necesarios en salud, vestido, vivienda, transporte y educación, aunque la totalidad del ingreso del hogar fuera utilizado exclusivamente para la adquisición de estos bienes y servicios.

POBREZA DE INGRESO: La medición de la pobreza a partir del monto de los ingresos de los hogares. Y esto se establecería como la medición de la capacidad de generación de ingresos familiares o de hogar de los adultos para comprar o adquirir bienes y servicios de terceros.

Pero curiosamente muy poco se habla acerca de la POBREZA DE TIEMPO. Concepto que es aplicable a quienes son víctimas de la modernidad en las sociedades productivas actuales. Sí a esos empleados y ejecutivos verdaderos esclavos del progresismo a ultranza.

Del implacable reloj despertador; de la ducha angustiada y acelerada; de la rauda afeitada; de las agendas abultadas; del impetuoso teléfono móvil sonando día y noche y del demandante WhatsApp y todas las demás novedosas aplicaciones.

De las ingestas presurosas y a destiempo. De las extenuantes rutinas laborales de 12 horas o más. Del escritorio atiborrado de folders, documentos y reportes. Del asiento de un camión o automóvil por horas y horas en desplazamientos a entrevistas. De las extenuantes reuniones de trabajo hasta altas horas de la noche y muchas veces incluyendo los días de descanso.

Y por supuesto de la alta proclividad a severos trastornos del sueño, así como enfermedades nerviosas, renales y cardiacas principalmente; ocasionadas por un ritmo de vida contrario a los requerimientos más básicos de nuestro propio equilibrio biológico.

¿Y tú también vives esta moderna pobreza?

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  • Salvador Arena

    Don Nicolás, y dónde vive usted?

  • Nicolas

    El tiempo no es un parámetro de pobreza precisamente porque la pobreza representa un estado de carencia ante la necesidad de mantenerse con vida. Quien no es capaz de mantenerse vivo, es pobre. Quien está enfermo no se puede mantener vivo solo, es pobre y requiere ayuda; quien no tiene dinero no puede mantenerse vivo por él mismo, es pobre y necesita ayuda... pero quien no tiene tiempo de más o hace todo apurado, si tiene lo necesario para mantenerse vivo, entonces no es pobre y no necesita ayuda...

    Pero muchos pretenden más de lo que necesitan para mantenerse con vida; tal vez la falta de tiempo se debe a un exceso de metas... que la naturaleza ni la vida reclaman sino solo las costumbres y culturas del hombre...

    He vivido en esa vida en la que el tiempo apremia, corriendo detrás de objetivos y compromisos, para demostrarme y para sentirme digno de mucho, de más de lo que tenía y era... y he vivido en la sencillez, enfocado en lo relevante, en lo verdadero, en lo que realmente transforma y enriquece la vida... no digo que el tiempo sobra en esta segunda instancia, pero nada ni nadie apura.

    La decisión es de cada uno.

    Saludos cordiales.

  • Salvador Arena

    Estimado Licenciado,
    Qué mundo tan horrible describe usted, coño!!!
    Usted sale poco de la ciudad. Lo que ocurre en las ciudades grandes es fatal para los nervios. Y usted parece que se ancla en estos conceptos. Pero le diré que yo viví muchos años en el DF y también pasaban otras cosas....

    POBREZA HABITACIONAL
    Le cuento..en esa ciudad, capital de Mexico, viví primero en una pensión muy modesta que regentaba una linda viejecita con antepasados españoles. Mi cuarto tenía una cama convexa y los muebles muy modestos. Los llené de libros. Aproveché para leer literatura pornográfica francesa. Cocteau era insuperable en sus historias.
    Allí también viví el relato de dos enamorados homosexuales que parecían felices con su situació. Era una pareja bonita y no parecía importarles que los vieran. En Mexico siempre vi más tolerancia a los gays que en España.

    POBREZA EDUCATIVA

    La linda viejecita estaba escandalizada. Claro, fue de esas mujeres que llegaban al matrimonio sin pensar que la cama era obligatoria por las noches. Me contó todo lo referente a sus primeras noches. Se volvió loca naturalmente. Luego y muy poco a poco se fue recuperando. Escuché todas sus impresiones sobre el cuerpo del marido al acercarse a ella. Hijito....me decía....

    POBREZA CULINARIA

    Enfrente de la pensión existía una tienda española que se llamaba Elizondo.
    Me atiborraba de lentejas en lata y alubias y judiones. Creo que engordé 15 kilos.

    POBREZA DIGITAL

    La computadora no existía en mi oficina. Myrurgia no las compraba. Me construí una con fichas. Tuve que manejar unos 2500 productos. Y lo hice bien. Sí, lo hice muy bien. Yo dirigía un Departamento de compras lleno de curiosidades humanas.
    Por ejemplo, mi ayudante directo me confesó su fetichismo de los pies y, caramba, disfruté mucho escuchando lo que me contaba. Tuve también una ayudante que era cleptómana. Le faltó cariño toda su vida.

    POBREZA DE INGESTA

    Acudía regularmente a unos comedores en la calle Lago Alberto para comer. Sopa de fideos, arrosito con ese y nó con c. Carnes muy duras y el final con cajeta.
    Pues bien, disfruté mucho de los mestizos mexicanos con anillos grades y las secretarias llenas de colorete. Los "machos", por el efecto del calor, se les abrían los poros de la pituitaria de la nariz y sorbían haciendo ruido sus mocosidades. Manos arregladas como buenos mexicanos y unos dientes relucientes que particularmente me daban envidia. Qué maravilla de dentaduras.

    Pues, mi querido Licenciado, no lo aburro más.....pwro toda esa pobreza quue viví me hizo madurar mucho y hacerme mejor persona.
    Por favor, no nos cuente sus angustias de político porque no quiero amargarme mis últimos años de vida.
    Espero no haberlo aburrido. Sólo pretendí recordar a usted y sus lectores que normalmente se puede disfrutar de la existencia de los demás y olvidar estos infiernos de ciudades donde nos empeñamos en vivir.
    Un fuerte abrazo, Licenciado.