Theo Boer, profesor de ética en la Universidad Teológica de la Iglesia Protestante en Kampen, ha denunciado que, a pesar de las precauciones y mecanismos legislados para evitarlo, en los Países Bajos se han presentado algunos casos de eutanasias realizadas sin que se pueda demostrar el consentimiento expreso del paciente.

Para él, quien fuera un antiguo defensor de la eutanasia en esa nación, y hoy reconvertido en un crítico de la libre disponibilidad de la vida, esto no es señal de que se estén haciendo las cosas correctamente. Tampoco el incremento en la tasa de estos procedimientos que se realizan año tras año, lo cual, alega, podría ser indicio de una posible relajación de los requerimientos para la aprobación de “ muerte digna”, sin duda peligroso al tratarse de una medida tajante e irreversible.

“El riesgo es que la gente ya no busque una manera de soportar su sufrimiento”, advierte el experto. Cuando se habla de poner fin a la vida, es necesario ir despacio y buscar otras opciones antes de elegir este camino.

De igual modo opina Damián Muñoz, coordinador del Comité Científico de la Fundación Vianorte-Laguna, organismo español que asiste a personas con enfermedades avanzadas, adultos mayores y sus familias: La eutanasia no es la respuesta a una situación cuyo modo más humano, mas ético y profesional de afrontarlo es el desarrollo de unos buenos cuidados paliativos”. Se refiere a las terapias destinadas a que los pacientes terminales tengan una mejor calidad de vida y eviten el sufrimiento. En teoría, la eutanasia y el suicidio asistido deberían ser consideradas siempre la última opción, una vez que los tratamientos paliativos han sido rebasados, señalan los expertos.

Reflexiones personales: Este tema es por demás controversial en la medida de las consideraciones de la propia naturaleza, en cuanto a las expectativas de vida promedio que nuestra especie (primate mayor) fue programada. Muchos biólogos consideran que descartando de manera absoluta el espectro de los beneficios aportados por la ciencia médica, en términos naturales no viviríamos más allá de 26 a 28 y extraordinariamente 30 años.

Hoy cuando con la “magia” de la medicina incrementó la esperanza de vida en México, ha alcanzado expectativas de 74 a 78 años, es entonces donde aumenta la controversia si desconectamos o no a nuestro abuelo.
¿Tú qué opinas…?

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