La especie humana ha aumentado exponencialmente sus expectativas de vida y por ende su población mundial en un número estimado actualmente en nada menos que 7,300 millones. En otras palabras, si pudiéramos dosificar y congregar proporcionalmente a todos los seres humanos en grupos de 20 millones cada uno (como el área metropolitana de CDMX.) Sería posible integrar hasta 365 ciudades de este gigantesco tamaño. Sí, una mega-ciudad de estas proporciones cada día del año ¡Imaginemos entonces la enorme carga planetaria!

 Y peor aún es constatar que hasta nuestros muertos, deterioran y perjudican el equilibrio de la Tierra. Ya que las inhumaciones, entierros o cremaciones tradicionales contaminan los suelos y las aguas subterráneas e incrementan la huella de carbono.

En 2008, la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer de la Organización Mundial de la Salud (OMS), clasificó al formaldehído como carcinógeno.

Diez años antes, en 1998, la misma OMS advertía que los cadáveres humanos de los cementerios podían causar contaminación de las aguas subterráneas, no debido a la toxicidad específica que poseen, sino al aumentar las concentraciones de sustancias orgánicas e inorgánicas que ocurre naturalmente a un nivel suficiente para hacer que las aguas subterráneas sean inutilizables o no se puedan consumir.

El tema de la concentración y/o saturación en los cementerios fue planteado también, en 2017, por Ladislav Smejda, investigador de la Universidad Checa de Ciencias de la Vida. Mientras los panteones propicien sobreconcentración de nutrientes para plantas y animales (pues los cadáveres filtran en el suelo, entre otros elementos, hierro, zinc, azufre, calcio y fósforo) en otros lugares de la naturaleza carece de estos, planteó el citado científico durante el encuentro de la Unión Europea de Geociencias, realizado en Viena ese mismo año.

Aunque la huella de carbono o contribución de cada persona al calentamiento global debería cesar cuando ésta perece, los entierros o cremaciones tradicionales la incrementan, advierten investigadores del Instituto de Química de la UNAM.

Ojo: La Cremación de un individuo equivale en promedio, al dióxido de carbono (gas de efecto invernadero más común) que produce un viaje de 1000 km en automóvil promedio. El proceso de cremación implica energía, mediante gas o electricidad, para efectuar la combustión de organismos preservados con químicos que también, contribuyen a la huella de carbón.

¿Entonces, qué medidas más inteligentes deberemos de tomar…?

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