La Organización Internacional del Trabajo cuenta con una lista que incluye poco más de cien enfermedades laborales divididas en diversas categorías. Esta clasificación se relaciona con lo que causa cada una, y entre ellas están los agentes químicos, físicos o biológicos, males infecciosos o parasitarios, padecimientos del sistema respiratorio, de la piel en el sistema osteomuscular, trastornos mentales, del comportamiento y por supuesto del cáncer.

 

Se considera “enfermedad ocupacional” a aquellos malestares que son contraídos principalmente como resultado de una exposición a factores de riesgo, derivados de la actividad laboral. Cuando la lista de la OIT fue establecida en 1925, incluía solo 3 elementos: El ántrax, envenenamiento por plomo e intoxicación por mercurio. Esto reflejaba las industrias sobresalientes en la época: las fábricas de lana, y la demanda de plomo y mercurio tras la Revolución Industrial. Para la década de 1960 ya se habían agregado más y sumaban 10 enfermedades, la mayoría vinculada a la intoxicación industrial.

En 1980 se comenzaron a agregar otros riesgos relacionados con la pérdida auditiva inducida por el ruido y algunos padecimientos broncopulmonares. Desde 2002, tras la evidencia científica que asociaba el trabajo con diversas enfermedades, se hizo una revisión y reconstrucción del formato que las incluía, dividiéndolas en categorías. La última actualización se hizo en 2010 y pasa por un proceso continuo para incorporar los nuevos avances científicos que se obtengan en este tema.

Resulta evidente que muchas de las enfermedades actuales que padecen muchísimos de los miembros laboralmente activos de las sociedades occidentales, están muy vinculadas con el trabajo. Actividad profesional que cada día incrementa más y más el sedentarismo, el estrés, el nerviosismo y que afectan seriamente el equilibrio en la salud física y mental.

En casi todos los países de Europa Occidental, en Canadá y en EEUU, ya desde hace muchas décadas han implementado el horario laboral continuo (generalmente de 9:00 a 17:00 horas). Circunstancia que les permite realizar otras actividades como académicas, deportivas y recreativas. En nuestro México se sigue neciamente insistiendo en el nefasto horario laboral discontinuo (generalmente la primera fase de 9:00 a 14:00 horas y la segunda fase de 16:00 a 19:00 horas) Jornadas que exigen prácticamente la abierta y total disponibilidad del ejecutivo, del empleado, del trabajador.

¿Ya es tiempo de una disrupción en el horario laboral en México?

¿Prefieres adoptar un Horario Laboral Continuo?

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  • Ramiro Valencia Martínez

    Apreciable Jorge Arena, tema de interés y de siempre. Felicidades. En tal línea deberías abordar en tus artículos la NOM035. Saludos