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¿Para conservar la paz es más útil la ética que la moral?

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Con el trascurso de los años, los avances tecnológicos, la escasez de suelo para la agricultura, el costo enorme de la ganadería en términos de agua y alimento, la enorme contaminación que genera, las frecuentes quejas por la crueldad animal y otras tantas razones, han determinado que ya existen varias iniciativas que sueñan con reproducir carne de laboratorio en producción de gran escala. La primera hamburguesa cultivada in vitro fue cocida, servida y degustada en 2013, ante una audiencia televisada en Londres.

El creador fue un biólogo cardiovascular, que tomó unas cuantas células madres del músculo de una vaca mediante una biopsia poco invasiva y las puso a crecer en suero de feto bovino (el suplemento más usado en los laboratorios que trabajan en cultivos de células animales para la investigación) luego armó una hamburguesa con 20,000 de estas células, mezclando con yema de huevo, morusas de pan, azafrán y jugo de betabel para darles color; la cocinó y la presentó a dos personas de la audiencia.

Eso fue hace cinco años. Ahora hay por lo menos tres empresas anunciando que antes que termine 2018 habrá en los refrigeradores de los supermercados carne cultivada en laboratorios, pues la tecnología está permitiendo, crear carnes limpias a precios competitivos y que saben y huelen a carne de res, pollo y pescado. Quienes impulsan esta nueva revolución alimenticia aseguran que la idea de la carne de laboratorio no es dejar de consumir carne, sino consumir mucho menos.

En Estados Unidos la gente se lleva a la boca 11 billones de toneladas de carne de res al año. Dicho consumo exige un sistema industrializado de ganado mismo que merma mucho al medio ambiente (una sola vaca usa 41,000 litros de agua al año).

En contraste, los tejidos cultivados ofrecen una forma de crear cuantiosa carne a partir de un puñado de células, porque en las condiciones apropiadas de laboratorio, cuando están nutridas con sales y azúcares vitales, las células se dividen igual que lo hacen dentro del cuerpo.

Todos estos descubrimientos y avances de la ciencia no me dejan de sorprender y aplaudo los resultados al evitar en lo posible el sufrimiento animal. No obstante, me preocupan profundamente las consecuencias insospechadas, inadvertidas y súbitas que pudiesen desarrollar estas aplicaciones en un futuro en las manos equivocadas.

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