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¿Romper paradigmas es el principal ingrediente para la innovación?

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Durante esas noches calurosas y de funestos insomnios de tres y media de la madrugada, que no tenía más remedio que prender la TV para tratar de conciliar nuevamente el sueño, por mera curiosidad daba un repaso por canales abiertos nacionales, en donde difundían programas de algunas “embajadas celestiales”, conducidas por verdaderos “gurús” de origen presumiblemente brasileño. Francamente me quedaba estupefacto de toda esa parafernalia que brotaba de la voz del conductor principal al evocar todo el poder de dios depositado en sus “nobles” manos y la presunción de la capacidad de curación y sanación, que ofrecía al público asistente o a quienes se comunicaban telefónicamente.

También en una breve navegación por internet me condujo hasta Pjotr Elkunoviz, originario de Moldovia y autoproclamado creador del “realineamiento espiritual”, que es “una energía sagrada y poderosa del puro amor divino”. Elkunoviz dice que ha visto a Dios a los ojos y que todos los males pueden curarse “realineando” la columna vertebral, “sede de todas las malformaciones del cuerpo”.

En su página web explica: “es posible solucionar en un momento sin tocar el cuerpo la oblicuidad pélvica con diferencia de longitud en las piernas. La supresión de este desplazamiento es, por lo tanto, la manera correcta de traer salud a todo el cuerpo, el alma y el espíritu”. O sea: sin tocarte, con un elegante movimiento de las manos, este “emisario de Dios” promete enderezar lo que esté chueco en tu organismo, llámese migraña, tortícolis o mal aliento. Lo desmesurado de su promesa contrasta con la ambigüedad de los testimonios ofrecidos por “clientes satisfechos”.

Hoy a través de la ciencia sabemos que los eclipses no son avisos del fin del mundo. Que los cometas no son avisos de calamidades. Que la marea roja no significa que “Satanás viene pronto”. Que la Luna roja no tiene ninguna relación con ninguna profecía. La ciencia nos libera de tanta ignorancia y de absurdas supersticiones que esclavizan las mentes y merman carteras de muchas personas quienes bajo la oscuridad de su miedo, de su culpa prefabricada, o de un severo padecimiento físico, depositan toda su confianza en charlatanes.  

Alguna vez escuche a mi maestro de la materia de sociología de mi Alma Mater:

“Si no estás dispuesto a cuestionar tus propias creencias, alguien más está pensando por ti”.

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"Quizá no estaré de acuerdo con tu opinión, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a expresarla".  Voltaire.