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Domingo, 30 Agosto 2015 23:55

EL ROSTRO ENOJADO

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Es fácil saber cuándo una persona siente enojo o ira: la frente baja, los labios se adelgazan, las fosas nasales se expanden. No importa en qué lugar del mundo se esté, esta mueca es fácilmente identificable e, incluso, individuos con ceguera congénita hacen este tipo de gestos sin jamás haberlos visto.

Investigadores de la Universidad de California en Santa Bárbara, EUA, y de la Universidad Griffith, en Australia, quienes estudian la función evolutiva de la ira, han identificado las ventajas que propiciaron la aparición de este tipo de expresiones. De acuerdo con sus estudios, la ira es una emoción de negociación: aquellas personas más fuertes que se enojan con mayor facilidad tienen a resolver más conflictos a su favor. En este contexto, el 'rostro enojado' es una herramienta diseñada para intimidar, es decir, hace que el individuo parezca más atemorizante y con capacidad de causar daño, a diferencia de alguien con expresión controlada.

"Nuestra investigación anterior mostró que los seres humanos somos excepcionalmente buenos en la evaluación de la capacidad de lucha con sólo mirar a alguien a la cara", explican los investigadores.

"Dado que en igualdad de circunstancias las personas que son juzgadas como más fuertes tienden a salirse con la suya con mayor frecuencia, la conclusión es que la expresión universal de la ira evolucionó como una simple exhibición de amenaza", tal como en otras especies, por ejemplo, los osos al levantarse en dos patas o el león con su melena, que aparentan tener mayor tamaño. E inclusive los mismos gatos cuando esponjan su pelambre Fuente: www.ucsb.edu

Bueno pues entonces pudiéramos interpretar que las personas con rostros más adustos, ariscos, huraños, ceñudos, desdeñosos, agrios, acres, serios, rigurosos y hasta quizá puritanos; son quienes generalmente se salen con la suya.

Haciendo una retrospección a mis años iniciales de instrucción primaria, mis maestras (monjas) adustas y ásperas efectivamente me provocaban más acato, más temor, más aprensión…sí, pero mayor desconfianza, incredulidad y escepticismo. Especialmente cuando en catecismo me hablaban de “la desencadenada ira de Dios”

Mientras tanto las monjas amables, dulces y delicadas; me provocaban confianza, cordialidad, confidencia, tranquilidad y serenidad; porque me hablaban de “la infinita misericordia de Dios”

¿Entonces qué tipo de maestros, de religiosos, de políticos y de líderes sociales necesitamos? ¿Los hoscos o los cordiales…?    

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